Este año, el Perú bajó cuatro posiciones (del puesto 61 al puesto 65) en el Ranking Global de Competitividad 2014-2015 del Foro Económico Mundial, lo que refleja que, indudablemente, las cosas que se hacen o dejan de hacer en el país terminan impactando en nuestra competitividad. Esta, es la primera vez en seis años, que hemos tenido un retroceso.

La importancia de este informe radica en que mide diversos aspectos de un país, tanto indicadores sociales como económicos, lo que permite conocer a los inversionistas cómo está marchando el país en su conjunto y si es o no atractivo.

El Reporte del WEF (por sus siglas en inglés) se compone de 12 pilares y 114 variables y es, desde hace varios años, uno de los principales referentes mundiales para medir el desarrollo y la competitividad de las economías. Muestra una radiografía de cómo se ve nuestra economía frente a las otras y permite conocer cómo está el Perú comparado con los otros 143 países y evaluar si sus políticas están o no funcionando.

En el pilar más importante, el institucional, hemos retrocedido nueve puestos, del 109 al 118, siendo uno de los factores de mayor peso y relevancia para la competitividad y el desarrollo de los países, razón por la que precisamente fue el tema central de la Semana de la Industria 2014 ya que es fundamental que las instituciones públicas y privadas funcionen.

La falta de predictibilidad, el incremento de normas y regulaciones sin criterio técnico, el aumento de la discrecionalidad de los funcionarios públicos, la autonomía mal utilizada de muchos gobiernos locales y regionales; han generado corrupción, mucha inseguridad, demoras en los tramites y permisos, así como resultados imprevisibles en los mismos, lo que ha traído como consecuencia el decrecimiento de la inversión privada y, por lo tanto, una desaceleración en el crecimiento del país.

Igualmente, otro aspecto que preocupa es el de la variable “Efectos que tienen los Impuestos para incentivar la Inversión”, que descendió 35 posiciones, pasando de la ubicación 56 a la 91 y que, entre otras razones, se debe a la elevada carga impositiva que existe sobre el sector empresarial formal. Como país nos hemos puesto como objetivo llegar a una presión tributaria de 18% como porcentaje del PBI -hoy en 16.5%-, cuando en México es 9.5% y en Colombia 13%. Si lo que buscamos es un crecimiento del país, orientado a las exportaciones, esto no es sostenible.

También estamos mal ubicados en las variables de salud, educación, justicia, seguridad y crimen organizado, todas dependientes de la calidad de nuestras instituciones.

Sabemos que existe la voluntad política de reaccionar, pero es necesario que esto no sea solo a nivel del Ejecutivo, sino que también se involucren activamente el Congreso y los gobiernos locales y regionales. Es importante que no esperemos más y ejecutemos las acciones que se tienen que tomar, pensando en el país y su futuro. El bienestar de las próximas generaciones depende de ello.