Inicio este espacio, que en adelante me permitirá sentar nuestra posición y comentar sobre temas de importancia para la industria y el desarrollo del país, en primer lugar saludándolos, e indicándoles que para mí es un honor y una responsabilidad, empezar funciones como presidente de la Sociedad Nacional de Industrias, representación que ejerceré por el periodo junio 2015- junio 2017.

Quiero agradecer al Sr. Luis Salazar Steiger, mi antecesor, por su compromiso, los esfuerzos desplegados y por los logros institucionales alcanzados en los 3 años de su gestión.

Asumo el cargo, en el marco de la realización de nuestra Semana de la Industria, que desde hace tres años creamos en el contexto de nuestro aniversario, desarrollando Foros Industriales con expertos de talla mundial para discutir y poner en agenda los temas y problemas que como país nos afectan.

Así, en el 2013, Ricardo Hausmann resaltó la relevancia de la diversificación productiva como motor para el crecimiento económico; en el 2014, James Robinson expuso claramente que la institucionalidad es crucial para el éxito de los países y; este año, en nuestro foro “Gobierno más Simple para crecer”, Willliam Lewis y Cass Sunstein destacaron que el crecimiento de la productividad y la continua simplificación regulatoria son condiciones necesarias para la formalización, el crecimiento, la competitividad y el desarrollo.

Refiriéndonos a la industria, es bueno destacar que su aporte al país es muy significativo. Representa el sector de mayor participación en el PBI con un 16%, es la principal contribuyente de tributos internos con 17%, y emplea directamente a más de 1 millón 600 mil personas, sin contar con el empleo indirecto.

La industria tiene grandes impactos macroeconómicos, no solo porque crea productos con valor agregado, por su transformación o el nivel de empleo directo que genera, sino porque tiene un importante efecto multiplicador en las diversas actividades productivas, con las que se articula y eslabona para generar empleo y bienestar.

En ese sentido, nuestra visión de desarrollo es la de una economía de alta productividad y diversificación, que complemente e integre a la agricultura, la pesca, la minería, la industria, la construcción, el comercio y los servicios. Ello, porque en el mundo no existen historias de desarrollo sostenible sin una matriz productiva diversificada, que es lo que debemos poner en marcha.

En esa línea ¿cuáles son los obstáculos que debemos vencer?

Es necesario revisar la agenda pendiente para definir la estrategia y culminarla, pues en nuestro país todavía: 7 millones de peruanos son pobres, 7 de cada 10 trabajadores laboran en la informalidad y más de 11 millones no gozan de derechos laborales fundamentales. Igualmente, 5 de cada 10 empresas opera en la informalidad y solamente el 0,3% de ellas contribuye con el 80% de la tributación del impuesto a la renta corporativo, además de la alta rigidez laboral, la elevada y compleja tramitología y carga tributaria por resolver.

Por décadas nos hemos distinguido por una pobre institucionalidad, una baja productividad promedio y un alto costo de las regulaciones. Adicional a ello, el imparable ruido político de este tiempo, está afectando seriamente el clima de negocios. Es imprescindible que se reduzca, para recuperar la confianza y por ende las inversiones.

Nuestro mensaje final es que una economía de mercado con instituciones sólidas que brinda las condiciones para la competitividad, es un entorno que ofrece las mayores oportunidades a todos sus ciudadanos para aprovechar su pleno potencial.