A inicios del mes de julio fuimos partícipes de la realización por primera vez en nuestro país de la Cumbre Empresarial de la Alianza del Pacífico, evento coorganizado por el Consejo Empresarial de la AP que tuvo lugar en la ciudad de Paracas y que contó con la presencia de los jefes de Estado de Chile, Colombia, México y Perú así como a los máximos representantes del sector empresarial de las cuatro economías que integran el bloque.

Se trató de una cita de dos días, que puso especial énfasis en la apuesta por la educación, el mayor impulso al comercio intrarregional y el desarrollo de la infraestructura, sobre la base del compromiso de liberalización inmediata del 92% del universo arancelario entre los cuatro socios. El 8% restante,-circunscrito básicamente a productos agrícolas- se desgravará progresivamente en diferentes plazos. Esto, en el proceso de construir un área de integración profunda para avanzar paulatinamente hacia la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas.

El encuentro estuvo enmarcado en la entrada en vigencia del acuerdo marco de la Alianza del Pacífico que se dio el 20 de julio y que constituye el acta de nacimiento del proceso de integración. Es en este contexto que, a fines de año o inicios del próximo entrará en plena vigencia el acuerdo, una vez que se apruebe el primer Protocolo Adicional, que incluye convenios en materia comercial como medidas sanitarias y fitosanitarias, reglas de origen, cooperación aduanera, obstáculos técnicos al comercio, transporte marítimo, entre otros.

Es claro que este esfuerzo, ha sido en gran parte posible porque en este bloque confluyen países que comparten valores similares: son democracias establecidas, tienen finanzas públicas sanas y son economías de mercado abiertas al mundo globalizado, cuyos miembros han demostrado liderazgo, logrado un crecimiento superior al promedio de toda América Latina y el Caribe y, en definitiva, tienen perspectivas similares en torno a la ruta hacia el desarrollo.

En términos de PBI, la Alianza del Pacífico es ya la octava economía más grande del planeta superando los US$ 2,168 mil millones. Con más de 214 millones de habitantes entre los cuatro socios, es la quinta en población mundial por detrás de Indonesia, y la octava en exportaciones de bienes y servicios moviendo unos US$ 558 mil millones.

Un tema de gran interés y expectativa en el sector empresarial es la armonización regulatoria en el bloque para facilitar el comercio de bienes, evitar la doble tributación, y para lograr la integración bursátil, aspectos en los que particularmente como país tenemos aún mucho que trabajar para igualar los estándares de nuestros socios, ser más competitivos y no quedarnos rezagados, como es el caso de los sobrecostos del mercado laboral cuya excesiva regulación genera informalidad.

En los primeros días de julio, el Perú recibió la posta de asumir la presidencia pro témpore del bloque, comprometiéndose a seguir impulsando la integración para alcanzar las metas comunes. Paralelamente, la Sociedad Nacional de Industrias, lidera desde agosto el Consejo Empresarial de la AP, la contraparte privada representada por los gremios empresariales de los cuatro países.

Y si bien los avances han sido hasta ahora notables pese a ser un mecanismo joven, toca ahora fortalecer más la asociación para consolidarnos como un bloque económico en América Latina que genere una mayor confianza y se convierta en un imán más atractivo para la inversión extranjera y con proyección al mundo – en especial el mercado asiático- todo lo cual, redundará en la mejora del bienestar individual y colectivo de los pueblos de la Alianza del Pacífico.