Recientemente hemos sido testigos de un debate sobre el desempeño menos dinámico de la inversión privada en un contexto de desaceleración económica. Si bien la contracción de esta variable en el 2014 y en el primer trimestre de este año (-1.6% y -3.9%, respectivamente) podría generar esa sensación, consideremos que estas cifras se dan en un entorno de negocios marcado por el menor crecimiento y por el continuo ruido político que nos hace ser más cautos en nuestras inversiones, buscando mayor eficiencia y menores costos.

Esto que es un comportamiento racional no debe ser confundido con una falta de compromiso. Nada más lejos de la realidad, pues aunque contrayéndose, las inversiones se están ejecutando y se espera se aceleren en el segundo semestre del año. Así, por ejemplo, el BCR estimó en mayo pasado que la cartera de anuncios de proyectos de inversión privada en el país será de US$ 40,084 millones para el período 2015-2017. Un 6% de ese monto correspondería a inversiones del sector industrial.

Igualmente hay que recordar que ProInversión adjudicó más de US$ 10,000 en proyectos de infraestructura al sector privado en la modalidad de Asociación Público Privadas (APP), monto que se suma a los US$ 15,000 millones invertidos durante los ocho años previos. Y, en el caso de Obras por Impuestos, hay compromisos de inversión por US$ 486 millones.

En el último quinquenio, la inversión privada representó más del 20% del PBI, porcentaje que triplicó la participación de la inversión pública en ese período. Con ese peso, junto a las exportaciones, la inversión privada es uno de los principales motores de la economía peruana.

Como hemos señalado desde la SNI, no hay que perder de vista que la desaceleración de la economía y el menor ritmo de la inversión pública han tenido un impacto adverso sobre las ventas de las empresas y, por ende, han hecho que estas tengan menores utilidades que reinvertir.

De otro lado, sabemos que hay cerca de US$ 17,000 millones de inversión en infraestructura paralizados debido a la tramitomanía, mal llamada tramitología, y que alude en realidad al empleo exagerado de trámites y a la sobrerregulación. La SNI reitera la necesidad de enfocarnos en reducir las trabas burocráticas que frenan la inversión privada. En esa línea, a través de dos Foros Industriales (versiones 2014 y 2015), hemos invitado a notables expertos internacionales que han aportado su experiencia y recomendaciones a la agenda nacional, lo que es una clara muestra del interés que tenemos los industriales para seguir apostando por el Perú.

Tengamos en cuenta que en un entorno globalizado competimos con todas las economías del mundo para atraer la inversión, por lo que no podemos darnos el lujo de trabar precisamente lo que más necesitamos para continuar nuestro desarrollo y reducir la pobreza.

En ese sentido, nos mantenemos a la espera de que el componente de destrabe de la inversión privada de los programas de reactivación lanzados por el Ministerio de Economía y Finanzas tenga los resultados esperados.

En tanto estos avances se van dando a nivel del Ejecutivo y del Legislativo, las inversiones privadas sin duda continuarán. Y es que, a lo largo de la historia, el capital privado –nacional y extranjero- ha sido importante para la generación de riqueza, empleo y una mejor calidad de vida para la población. Y estamos seguros que lo seguirá siendo en el corto, mediano y largo plazo.