En poco más de un mes asume el mando el nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Y si bien la asunción de un nuevo presidente de la primera economía del mundo suele de por sí concitar la expectativa global, hoy en día la atención es doble y mayor, dada la visión anti-libre comercio y contra la globalización que parece representar el nuevo gobierno de este país.

Y es que, si bien ha dejado ya entrever cuál será su camino, tampoco podemos adelantarnos a pensar que cambiará radicalmente la política económica de los EE.UU., pues no sabemos concretamente el rumbo que seguirá. Tengamos en cuenta, además, que una cosa es con guitarra y otra con cajón, por lo que no se tiene la certeza que todas sus ofertas y/o promesas de campaña, vayan a ser llevadas a cabo.

Consideremos además, que Estados Unidos es un país que respeta mucho las instituciones, por lo que habría que ver el rol y el manejo que tendrán el Congreso y el Senado sobre varios aspectos claves para su propia nación y para sus relaciones comerciales con el mundo.

Dicho esto, no deja de generar igualmente inquietud el nuevo tiempo que se avecina pues el resultado de las elecciones en EE.UU. y el retiro de Inglaterra de la Unión Europea junto con la creciente expansión de sentimientos antiglobalización y ultra nacionalismos al otro lado del Atlántico, podrían estar denotando el resurgimiento de tendencias proteccionistas que podrían ralentizar aún más el crecimiento económico del mundo.

El proteccionismo apuesta por economías cerradas favoreciendo falazmente la producción nacional frente a la extranjera -a la que se eleva los impuestos-, evitando toda posibilidad de competencia. Nuestro país ya tuvo un momento en el que se aisló infaustamente con la sustitución de importaciones lo que destrozó la industria nacional. Por ello, hoy el camino es seguir apostando por aumentar nuestro intercambio de bienes y servicios con valor agregado para competir adecuadamente en los grandes mercados del mundo y avanzar así en nuestro camino al desarrollo.

No hay duda de que un componente importante de la fórmula para crecer es la apertura comercial. Muestra de ello son los 4 países de la Alianza del Pacífico, que tienen una mejor performance precisamente por haber apostado por el libre comercio, mientras que naciones como Brasil, Ecuador y Venezuela, por ser economías cerradas con políticas proteccionistas han caído en competitividad.

Sin embargo, esta apertura debe permitirnos competir en igualdad de condiciones y en el marco de las reglas de la Organización Mundial de Comercio. En ese sentido, nuestras autoridades deben entender que el libre comercio está diseñado para los que compiten leal y legalmente. La Sunat (Aduanas) y el Indecopi tienen la obligación de devolverle al empresario nacional la confianza en el libre mercado. Basta ya de permitir que compitamos como iguales con productos que no cumplen con los estándares mínimos de idoneidad y que además, ingresan a precios de competencia desleal descarada.

En la última APEC, a través de la Declaración de Lima, los líderes de las 21 economías pusieron énfasis en la defensa del libre comercio y reafirmaron su compromiso de lucha contra toda forma de proteccionismo, hecho que ratificó días después el presidente PPK en su visita a Chile, al indicar que “el comercio mundial tenía que crecer y el proteccionismo debía ser derrotado”. Coincidimos con ello.

Un retorno del proteccionismo podría afectar a los países más pequeños, entre los que nos encontramos. Por ello, si queremos derrotar a la pobreza en un tiempo prudencial, tenemos que seguir impulsando la liberalización del comercio que es el motor que empuja el crecimiento de las economías. Esa es la razón por la que dependemos de la globalización para retomar nuestro crecimiento.

Dado el probable escenario de proteccionismo en el que el comercio mundial enfrenta muchos retos -y con un TPP sin EE.UU- , para aún en esta coyuntura poder aprovechar los TLCs que tenemos ya firmados, se hace más urgente la necesidad de ejecutar ya las reformas institucionales pendientes y de continuar el destrabe y la simplificación para la inversión privada, aspectos en los que afortunadamente el gobierno ya ha comenzado a trabajar con la dación de las primeras medidas en el marco de las facultades y la reafirmación de sus compromisos en el último CADE que planteó los desafíos al 2021. Tenemos claro que hay mucho por hacer, pero es un gran primer paso para este aún corto trayecto del gobierno.