El país vive una emergencia nacional dolorosa y de gran envergadura. Si bien sabemos que dada nuestra geografía estamos propensos a que todos los años diferentes zonas del país se vean afectadas por los embates de la naturaleza, la verdad es que no se previó que sucedería con la fuerza devastadora que este llamado Niño Costero ha tenido, azotando regiones, ciudades y a sus poblaciones de manera traumática. Recién conoceremos la real magnitud del daño en las siguientes semanas, aunque el Enfen ha pronosticado que el Niño continuará hasta mayo.

Dada esta dramática situación que muchos compatriotas están sufriendo, la industria se puso de pie para brindar ayuda porque el Perú nos necesita. Así, la Sociedad Nacional de Industrias inició la cruzada #JuntosPorElPerú y se unió en #UnaSolaFuerza a la campaña del gobierno convocando a sus socios para dar donaciones a la población damnificada. El 20 de marzo último, 500 toneladas de ayuda consistente en alimentos no perecibles, motobombas y otros implementos, alcanzados solidariamente por nuestras empresas zarparon a Piura en el navío BAP Tacna de la Marina de Guerra del Perú siendo al final de marzo la donación más grande entregada por el sector privado. Hoy, estamos gestionando una segunda gran ayuda de la SNI.

Si bien hay quienes han señalado que hay mejores condiciones para enfrentar este Niño en relación a 1983 y 1998, lo cierto es que estamos pagando la factura por no tener un Estado eficiente. Ello, porque lamentablemente cuando se tuvieron los recursos no se gestionó en forma adecuada la construcción de infraestructura de calidad para reducir la vulnerabilidad y mitigar futuras emergencias por desastres naturales.

Como sabemos, la SNI presentó al país un conjunto de propuestas para promover la inversión y el desarrollo compuesto por 4 pilares. Dos de ellos inciden precisamente en: por un lado, el énfasis en mejora de la productividad, vía la inversión en aspectos claves como Infraestructura, y; por el otro, en contar con regulaciones competitivas, que sean la plataforma para atraer inversión y construir un Estado ágil que brinde servicios públicos de calidad.

Según el ranking WEF, nos situamos entre las 25 naciones con peor infraestructura del mundo, lo que se evidencia en los daños causados por este fenómeno, pues el Perú se ubica en el puesto 115 de 138 países en Calidad de Infraestructura. El MEF ha informado que los gobiernos locales de las zonas impactadas (costa norte) solo ejecutaron el 21.9% de su presupuesto extraordinario para prevención de desastres.

Hoy, tenemos serios problemas de transitabilidad. Se tienen que reconstruir más de 200 puentes, miles de kilómetros de carreteras y caminos, postas, entre muchas otras tareas que se espera se cimienten en infraestructura de calidad muy bien planificada. La capacidad de reacción del Estado e institucionalidad son ahora cruciales para que la reconstrucción se gestione con eficiencia y no suceda lo visto con la experiencia del terremoto de Pisco.

Igualmente, la alta carga regulatoria –otro escollo que planteamos reducir– es un indicador de ineficiencia e ineficacia de gasto público especialmente en los gobiernos sub-nacionales, lo que no permite una ágil acción de mitigación del Estado pues para una simple adquisición hay que realizar un sinfín de trámites. De acuerdo al WEF, la ineficiencia de la burocracia es el principal factor restrictivo para la competitividad del Perú, que ocupa el puesto 134 entre 138 países en Calidad Regulatoria y la ubicación 112 en Calidad del Gasto Público.

La experiencia internacional muestra que a mayor complejidad de las regulaciones, es mayor la corrupción y la ineficiencia estatal. Por ello, para que los resultados de la reconstrucción sean diferentes, requerimos un Estado ágil y flexible, con regulaciones simples y eficientes, diferente al engorroso esquema actual, que permita una acción rápida y eficaz.

Tengamos en cuenta de que en un país desarrollado, incluso en naciones vecinas que sí han gestionado estos dos pilares, este fenómeno no hubiera tenido nunca un impacto similar, porque el Estado reacciona rápido, previene y mitiga desastres naturales. Como corresponde los distintos niveles de gobierno, el gobierno central y Fuerzas Armadas están desplegando sus máximos esfuerzos para atender la emergencia por lo que esta crisis es una oportunidad para aprender y mejorar, para reforzar la prevención con planificación urbana e infraestructura sólida. Y para consolidar la mitigación con una estrategia de reconstrucción técnica y honesta. Es la oportunidad de reavivar la esperanza.

Cuenten con el apoyo continuo de la SNI para trabajar con el Estado en las acciones prioritarias en favor de la población afectada y por la reconstrucción del país.