El Indecopi recientemente extendió la aplicación de medidas antidumping para las importaciones de tejidos pakistaníes y calzados chinos, lo cual ha generado opiniones de todo calibre que incluyen, en el extremo, la eliminación de toda medida antidumping.

La importación de productos a precios bajos es positiva. Ello no solo para el consumidor local que accede a más alternativas sino también para la industria nacional que enfrenta así un entorno de competencia en el cual solo deben perdurar las empresas productivas.

La competencia leal, es el sistema que usa el mundo libre para brindar reglas de juego equitativas, para que en el mercado gane el mejor, y no el que tiene más subsidios o viola más derechos laborales. Por ello, la competencia es un interés público que debe defenderse.

El dumping es una distorsión a la competencia leal, una práctica comercial que consiste en la importación de bienes por debajo de su precio de venta en el mercado de origen, y en muchos de los casos, inferior a su costo de producción debido a subsidios y/ o incumplimiento de estándares básicos de comercio justo.

Como resultado de la competencia desleal del dumping, desaparece la industria formal que crea empleo de calidad, genera valor agregado y tributa en el país, sin gozar de subsidios y cumpliendo reglas laborales y ambientales, lo que termina creando una posición de dominio de los importadores de productos a precio dumping, quienes ya sin competencia podrán a futuro imponer condiciones desfavorables para el consumidor.

Las medidas antidumping no tratan pues de Proteger a la Industria sino de Defender la Competencia. No son una invención arbitraria del Perú sino un mecanismo internacional técnico y legal, ampliamente usado para restituir el equilibrio en los mercados cuando la libre competencia es destruida por prácticas desleales de comercio.

Por ello, la Organización Mundial del Comercio permite su aplicación, para corregir la diferencia entre un precio artificialmente bajo y uno en condiciones de competencia. Así, en el mundo existen hoy 1,586 medidas antidumping vigentes.

Solo Estados Unidos, Europa, Canadá y Australia, economías OCDE y de mayor libertad económica en el mundo, aplican un tercio (515) de ellas; mientras que China, India y Pakistán suman la cuarta parte (360). En la región, mientras en la Alianza del Pacífico, México y Colombia aplican 71, el Perú registra solo nueve (9), el 0.56% de lo aplicado en el mundo. Cabe destacar que de las medidas antidumping de Perú, seis (6) son aplicadas a China y Pakistán: el 1% de lo que el mundo les impone a ambos países (566 entre ambos, China con 559).

Por esa razón, proponer su eliminación es desconocer la creciente tendencia global de estas prácticas desleales pues hoy en el mundo existen 307 medidas antidumping nuevas, un 24% más que hace cinco años, mientras que nuestro país al contrario ha reducido su aplicación en 25%.

En un Perú inundado hoy por dumping que acepte abiertamente la competencia desleal por ser este un “regalo” que incluye subsidios de gobiernos extranjeros, nos preguntamos: ¿Cómo generaríamos el 20% de los ingresos tributarios y los 1.6 millones de empleos que crea la industria nacional?

Los derechos antidumping son una forma civilizada de defender la competencia, lo que debemos perseguir si aspiramos a ser un país desarrollado con oportunidades para todos los peruanos. La industria nacional no es un oso panda que exige preservación solo por el mero hecho de existir.

La apertura comercial, en un entorno de competencia leal, es una política de Estado en el Perú desde hace más de dos décadas, a la cual la industria nacional se adhiere. Los “regalos” no están todos para ser aceptados, más aún si su origen es una práctica desleal o ilegal: lo barato sale caro.